jueves 11 de noviembre de 2010

El héroe romántico

El héroe romántico cree que el mundo gira alrededor de él, que lo que él opina es muy importante, y se despecha con el mundo porque el mundo no lo adora. Un Edipo mal curado, Hitler salió de lugares así.

El romanticismo cree oponerse a la dictadura de la razón con su exaltación desorbitada de los sentimientos, la pasión, la intuición y demás, cuando jamás se salió del cartesianismo (el racionalismo por excelencia): su mundo se divide en un sujeto que es un yo que es el momento lógico inicial del análisis y un objeto que es mera materia manipulable por el sujeto; es un ser típico de la modernidad, o sea la primera cultura en la historia que entiende el mundo desde el yo y no desde el cosmos, la comunidad o dios. O sea: el romanticismo es el individualismo cartesianista convertido en fetiche de consumo: en obra de arte.

Tobi (nombre inspirado en el gran bardero Tobey Mannering del Cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrell) es un héroe romántico, un Julien Sorel insertado en el contexto posmoderno: conseguidos legalmente todos los derechos y garantías, llegado el bienestar material, ya no se puede ser un héroe revolucionario; en una sociedad de consumo ni siquiera puede ser un rebelde; sólo se puede ser consumidor o excluido, y el tipo encima quedó del lado de los ganadores: imagínense a Patton en tiempos de paz, pero una paz que dura desde antes de que él naciera. Y tampoco se va a ir a liberar Grecia de los turcos, porque, muchachos: lo que lo convertiría en héroe es su egolatría, no su altruismo: como Sorel, no se entrega por los demás, se entrega por él, para ser el chico de la película. El héroe romántico en realidad no tiene vocación de héroe: tiene vocación de estatua, quiere ser el tipo adelante del caballo en la punta del Cerrito, oteando una Piedra Movediza más muerta que él.

Este héroe romántico se indigna, sí, pero sobre todo se problematiza. Y mira con rencor a todas esas personas que se matan por convencer a los demás de que son alguien como él, es decir, “verdaderamente distinto”.

El héroe romántico.

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