jueves, 21 de diciembre de 2006

Artemis; ficha técnica

Nombre: Artemis.
Apodo: Arte o Art.
Lugar de nacimiento: Atenas.
Edad: seis años.
Signo: Piscis.
Para Jaspe, es el último candado que engayolará para siempre a Tobi a ella, a la familia, Ombú, la vida ordenada, la disminución al mínimo de los desbordes y los desniveles.
Para Tobi, es un dulcísimo ángel de enormes ojos color miel que lo derriten de amor.
Para Lea es un castigo cósmico, una criatura insoportable e infernal a la que además tiene que amar y servir de ejemplo.
Señas particulares: los ojos y la cara del padre con algunas mezclas extrañas, todas familiares; la dulzura y la paz y la delgadez y la enorme boca de la madre. Gran jugadora de truco (que juegan con Lea casi todas las tardes libres, para babeo general de los adultos cuando la nena echa una falta envido); apuestan cantidades siderales de monedas, que casi siempre gana ella; las amontona en un frasco de vidrio que pesa más que ella.
Detalle inquietante: por insistencia de la madre, la han enviado a aprender ajedrez el año anterior. Para Tobi, el ajedrez es "un juego boludo y abominable, que incuba pedantes estériles y pagados de sí mismos"; acepta con repugnancia suprema jugar una partida con ella de tanto en tanto. Por dos razones: 1) no tiene la paciencia que requiere el juego; no le da importancia a cualquier juego que implique apoyar el culo en una silla durante un rato largo, lo aburren, los disputa sin pasión, sin atención, sea pinche, culo sucio, ajedrez o ludo; 2) detesta perder con una niñita en un juego que, se pretende, favorece al más inteligente y calculador; y él es cero calculador; y la borrega le hace partido siempre, tarda muchísimo en mover una pieza (lo que a Tobi lo pone de los pelos pensando en los libros no leídos que lo aguardan en el estudio), y él se cuelga, y al final Arte le tiene que avisar, con esa vocecita y esos ojazos que le quitan toda capacidad de resistencia, "te toca a vos, ahora, papi". Y encontes papi mueve cualquier pieza, ya abstraído, y finge que se deja perder cuando en verdad a veces la pendeja en serio le gana.
Continuando.
A Arte le gusta mucho dibujar y pintar y mirar los cuadernos de artes plásticas que se amontonan en el gigantesco estudio biblioteca del padre en Atenas, colección que su padrino Kostia acrece cada tanto, contentísimo de hacer proselitismo pictórico.
Le encanta escuchar a su padre contarle historias, infinitas historias de dioses y de héroes y de ninfas y de humanos. Le encanta saber que su nombre corresponde a una diosa del bosque, protectora de los animales pequeños, pero que además terminó siendo la diosa que aunó los poderes del triunvirato olímpico (ella no lo sabe con estas palabras, claro, que le repite el padre)para convertirse en la magna mater del mediterráneo, junto a Isis, que derivaron en la invención cristiana de la madre María.
Y también le encanta saber que en lo que su padre llama las lenguas latinas, su diminutivo signifique tejné: arte (Art, a veces, cuando está su madrina Fernanda, que suele ponerse muy inglesa porque le cuesta horrores entender "esa lengua del orto" que hablan en la Helénika Demokratía).

martes, 19 de diciembre de 2006

Vías muertas

Barruntaba a mediodía el título este, "Vías muertas", para un ensayo de ¿antropología filosófica? ¿metafilosofía? sobre los puntos ciegos en que suelen acabarse los trayectos de diversas filosofías.
En principio encontré cuatro (o cinco), claramente influido por las ideas de Cassirer sobre la antropología de las formas simbólicas.
Hay algo de mezcla entre esos cuatro o cinco puntos de quiebre en que la filosofía se extingue, o en todo caso muta y se transforma en otra cosa que me recuerda a la teoría de los juegos de Caillois, pero no tiene mucho que ver, salvo una incipiente combinatoria posible de puntos de quiebre.
Los puntos de llegada, de extinción o de quiebre en que pensaba son (aclaro como siempre: no busco la originalidad; busco la belleza, y, si hay tiempo, la verdad, esa utopía de los que buscan la belleza, quiero decir la armonía, en este fuckin' mundo): misticismo (Wittgenstein, Kierkegaard), esteticismo (yo), politicismo (Marx), cientificismo (neopositivismo y demás escuelas y pensadores que circunscriben la filosofía a un ámbito técnico, epistemológico diríamos casi; muchos lógicos hay acá), mitología (el último Heidegger, cantidad de pensadores cristianos y de otras partes), hasta nihilismo (Nagarjuna, Tertuliano). Cuando digo nihilismo me refiero de modo restringido a la renuncia al pensamiento (zen, claro).
Por supuesto, hay mezclas: Foucault se desenvolvió siempre en una especie de politicismo esteticista (dispositivos, saber-poder, hermenéutica del sujeto: tejné) .
Por supuesto, hay MUCHÍSIMAS ACLARACIONES Y PIES DE PÁGINAS QUE NO PONDRÉ AQUÍ, salvo uno que otro, para que alguien entienda algo: esta explicación de puntos de llegada, pero también de partida, está basada en una concepción histórica de los sucesos; histórica en el sentido en que habla de historia Prigogine cuando se refiere, por ejemplo, al proceso de cristalización (alea, diría Caillois, sólo que aquí hay juego sin jugador {el mundo sería ese juego infinito y sin sentido y sin jugador; lo que a su vez me recuerda el pavor de Pascal ante "el silencio perpetuo de esos espacios infinitos"}).
Quiero decir: estos finales en que la filosofía se extingue o muta y pasa a otro campo de sentido (o lo crea, o se hibrida con otros discursos que terminan constituyendo otra cosa {pienso en el constructivismo, nacido a partir de Von Foerster, que se dedicaba a la cibernética}) se tocan de algún modo con un cierto origen, con una cierta "unidad perdida" en la búsqueda de la verdad, el sentido, la sabiduría, la realización, el conocimiento, etcétera.
Pero este origen no es ni metafísico ni, de más está decirlo, teleológico (Motor Primero, historia como progresivo desenvolvimiento del espíritu hacia Dios o hacia la verdad, etc.). Es, repito, histórico. Es decir: podría haber sido distinto, la explicación finge, a posteriori, un determinismo (lo es porque lo creemos así, porque necesitamos ese mapa como guía {como abstracción útil, para citar la frase famosa de Sausure} para poder movernos por el mundo o al menos para poder pensar, reflexionar, sobre alguna base, aunque sepamos que la base es ficcional, elegida, coordenada y no con existencia en el mundo; bueno: Kant, Maya, etc.).
Según esta progresión histórica que nos muestran los estudios de etnología, de historia, de arqueología, etc., primero vendría la narración; luego un refinamiento de la narración: la explicación. En esos senderos se mueven el mito y la religión. A partir de aquí, los senderos se bifurcan.
De la religión se pasa a la explicación del mundo por vías que luego se trifurcarán: la observación de las regularidades de la naturaleza lleva, a la larga, a la observación sistemática (luego, muy luego, a las ciencias); los rituales religiosos (gestos, actuaciones, rezo, que llevan al canto, que llevan a la poesía y la música y al teatro y a la pintura y a la escultura, para expresarme con muchos anacronismos a la vez) llevan al arte; la especulación puramente intelectual lleva, en principio, a la explicación del sentido del mundo, de la historia, y en último, a la filosofía.
Todos estos campos de producción de sentido provendrían, así, de la religión (del latín "religare": ligarse a lo otro; como el Eros freudiano {o platónico}), pero, antes aún, de la narración.
Acota al respecto el impresentable Lyottard, en su libro más famoso, que en las culturas primitivas el sólo hecho de narrar, de afirmar, le da un estatuto de verdad a lo narrado. Son los cuentos del viejo, los mitos del brujo y del profeta, la memoria de los hombres, los aedas, Homero. Pero esto no se agota, claro, en las culturas primitivas: como en la epistemología, los sistemas y esquemas más primitivos subsisten, o suelen subsistir, en los más complejos, y, así, el Aquinate podía cerrar una discusión con un "Magister dixit". Y más acá Marx... Y más para todas partes: toda construcción intelectual (mítica, religiosa, artística, política, científica) se basa en un dictum formulado por alguien físico o metafísico, real o imaginario, individual o colectivo, y aceptado a su vez por una sarta de personas (sean campesinos o integrantes de una comunidad científica), aceptado aunque sea críticamente, con reparos, o reservándose la posibilidad del reparo, la refutación, la reformulación.
Nietzsche diría, en El libro del filósofo si la memoria no me engaña, que el primer grado del silogismo (es decir, del pensamiento presuntamente puro y aséptico) es un juicio (Sócrates es mortal), es decir, una opinión. En todo caso, todos los hombres son mortales es una generalización estadística, o que no ha podido ser falsada aún, diría Popper.
Pero a donde quería llegar (como siempre, sospecho que muchos no lo hubieran adivinado) es que acaso ninguno de estos progresivamente más complejos campos de producción de sentido pudo salir jamás de aquél núcleo primigenio: la narración, la explicación, o bien la renuncia a intentar explicar, la conformación con lo que otros han narrado: el mittsein.
Y todo esto porque pensamos con palabras.
Esto no se cierra en la anterior frase, en este post, sino que apenas se abre, claro.

lunes, 18 de diciembre de 2006

Alaridos y peces

No hay tema. En principio. Un pez que grita (pero eso es una canción). Un pez que grita en la penumbra, de golpe un foco azul y verde lo ilumina y la boca del pez plomizo se abre en un gesto de horror indescriptible.
Luego me despierto. Ni hablar que siento que soy el pez ese, pero pienso en el cuadro, y debería ser un pez color bronce, pero ¿y la penumbra submarina?
¿Y la penumbra submarina?
Y la negrura suprema, inefable, sin término, de la horrorizada boca abierta del pez sorprendido por la luz violenta, la luz que invade. Y la negrura aún más profunda tras del chispazo de los ojos negros, ciegos, del pez deslumbrado.
No se puede escribir eso: hay que pintarlo.
Para algunos asuntos no hay palabras. El pavor es el ámbito exclusivo de la pintura, de la pesadilla.

domingo, 17 de diciembre de 2006

Nada

Me gustó el post que puse hoy en "yecto". Medio filosófico. Quizá tendría que haber entrado aquí. Pero ya lo puse ahí, y para algunas cosas soy muy perezoso.
Finalmente pude configurar la puta placa de audio de la puta PC nueva, y pude desquitarme de mi infelicidad jugando como un idiota al Grand Prix 3. El mes que viene será el 4 o el 5, placa aceleradora de video mediante (¡yecto, yecto!). Y puedo escribir decentemente en word. No necesito más que eso. Ni siquiera heladera o ventilador. Bueno, quizá un ventilador.
Debo llevar la maldita compactera portátil a la garantía a ver por qué anda cuando quiere. Estos tipos de Sanyo deben creer que me estaban vendiendo una pareja, para traerme tantos sobresaltos; la mitad de los CD no los lee; los MP3, por ahí le da y se apaga. La llevaré esta semana y me dedicaré a escuchar Amadeus, ver si termino de hacer la versión de Cicatriz a como quede y registrarla de una puta vez para dejarme de pensar en ella. Y seguir con otros libros.
Le Con crece, pero todavía está en estado larval. La Persa, en cambio... Contando lo que escribí de Kostia y alguna otra menudencia no me extrañaría que ya rondase los ciento setenta mil caracteres. Voy por al menos un tercio del trabajo en bruto, de abrirle. Como con Jet lag, casi a regañadientes, de costado y sin mucha fe. Pero Jet lag es quizá mi libro más redondito. Así que ojo al moscardón.
Quisiera tener algo interesante para decir, pero hay días que me pongo muy contemporáneo.

viernes, 15 de diciembre de 2006

La nervadura

las nervaduras del decir
cómo en los nudos de lo dicho
en esa ligazón indisoluble
está la libertad

las nervaduras son inextricables
y múltiples
y cambian todo el tiempo
y uno va tanteando el tallo
esperanzado en que una vez
entre espinas y nudos
aparezcan los dedos entre las cutículas
la corola invisible que justifique nuestra vida

por eso escribo

"... de ser la respuesta y la pregunta, ambas irresolubles"

"y capaz no hay nada que pueda llegar a ser tan sincero como una pregunta".

(rabensteiner, en www.zonatomada.com.ar)

jueves, 14 de diciembre de 2006

Rumiante furioso

Ataque de furia. Por razones acumuladas. La vida no es fácil, y yo soy muy difícil.
Pero llego de Retiro, con el culo a cuatro manos para conseguir pasaje hacia Tandil para las fiestas, furioso porque me perdí otro almuerzo y me morí de calor. Me siento en un banco verde oscuro de plaza San Martín, y de inmediato me pongo a pensar en cómo canalizar la furia literariamente.
Es algo más fuerte que la salud incluso, a esa altura. Y me cuesta salud, años (moriré de un infarto o de un tumor en la cabeza antes de veinte años, lo tengo bastante claro), pero es así, y mío, y lo único mío que tengo (mi cueva mental, cueva-palacio según desde dónde se la mire), y seguiré con esto hasta que pueda, hasta que la vacuidad exorbitante pueda más que estos absurdos garabatos que logran que me olvide de ella por un rato.
La felicidad, han escrito muchos, y yo lo he escrito mucho, es el momento, el instante, allí donde sólo reside el presente, "un presente autárquico" digo en alguna parte. Cuando escribo es eso: la felicidad. Igual que sería un hijo o la mujer amada (y no quedan más cosas que den felicidad, ¿no?).
Barrunto claramente la plaza San Martín como el ambiente de Verdi, el de Le Con. Aquí, balcón a la calle, atiende a sus pacientes. Y vive en el Tigre. Románticos retiros con Zoé (que así le he puesto a la muchacha por ahora: soy un simbolista de mierda, lo sé).

El rescate y burolencia

Ayer me tomé el trabajo de rearmar la Pececita para rescatar El libro de Jaspe y el tomo 2 de Cicatriz. Media hora de sudar.
Debo utilizar la temporada estival para corregir Cicatriz versión definitiva (¡todavía está en un millón quinientos treinta mil caracteres!), y calculo que aprovecharé para publicar en este blog, a modo folletín, el Jaspe rescatado.
Respecto de la literatura, y haciendo ya balance del año, el 2006 ha sido, lejos, el año menos productivo desde (tampoco quiero ser salvaje) al menos 1998. Me está comiendo la "burolencia" en que languidecía Gombrowicz cuando lo encajaron en un banco para que se ganase la vida. Como el Gombro decía, no se puede ser "escritor sólo los fines de semana". Decí que hay trece libros ahí.
La PC nueva, casi totalmente instalada: me falta asegurarme de que me lee DVD, y el audio no sé por qué no anda. ¿Cuestión de drivers? ¿Quién fue el imbécil o lobbysta que dijo que Windows es fácil? De utilizar, será, porque de instalar... es engorrosísimo.

martes, 12 de diciembre de 2006

Kostia

Es sabida la crasa ignorancia de Tobi respecto de combinaciones de colores, y hasta su falta de talento natural (vaya con el oxímoron) para crear diseños.
Su estilo podría calificarse de pastiche (y a Tobi no le parecería ofensivo el mote). Pastiche pop y pegador, si no mediaran unos pocos detalles azarosos, pero (¡ah Prigogine!) decisivos.
El primero es una memoria visual digna de seis elefantes, y una habilidad casi de criptógrafo para no sólo recordar diseños enteros de quince años atrás (para no hablar de las decenas de libros de historia del atuendo), sino además para permutarlos con una habilidad y un tino que dejarían turulato a un Raymond Lull. Esta habilidad suya para la re-des-com-posición estilística llega hasta tal punto que jamás nadie ha podido acusarlo de plagio (todo hacen lo mismo, por otra parte, sólo que con más vocación y menos bagaje memorístico y enjundia gongorina), y prácticamente nadie ha podido siquiera intuir el latrocinio.
Además, con los años, está el oficio, y el prestigio (el prestigio, que logra que los otros vean algo allí donde quizá no hay nada a veces).
Pero hay un tercer punto desconocido o como mínimo menospreciado por el apuntador. Es el sentido del color que tiene Kostia.
Kostia es quizá el mejor amigo-artista de Tobi. Nació en Mitilene (Lesbos). Es semicalvo, de renegridos rulos y barba (como un santo cristiano) y ojos azules y tez oliva. Es un poco alto para el gusto de Tobi (1,85) y con la pancita del casi cuarentón que nunca hizo ejercicio. Una larva, digamos.
Con Kostia (Michelis Kostialidis) se conocieron cuando la entonces adolescente parejita con un bebé de un año acababa de salir de modo inverosímil de los sórdidos bajos fondos sociales de Atenas hacia el pequeño glamour del diseño griego, y, Tobi, a tejer contactos con artistas.
Por onda con una fotógrafa, Tobi había conseguido publicar notas free lance en una revista cultural. Las notas habían gustado mucho al selecto y escaso público y a los dueños de la publicación. Las notas tejían las más audaces, sorprendentes, inauditas, absurdas a veces, relaciones entre artistas, artes, épocas, estilos, serie artística y serie religiosa o filosófica o económica, etcétera, tanto que alguien llegó a etiquetarlo de "el Barthes griego" (lo cual le generó la pulla eterna de sus amigos, que a veces lo llaman "el Bart griego"), y en menos de un año ya tuvo su columna.
El modo en que se conocieron Kostia y Tobi fue medio como lo de Gilgamesh y el mono éste que ahora no me acuerdo cómo se llamaba (¿Enkidu?). Freudianamente, comenzaron agarrándose de los pelos.
Fue así: Tobi había escrito una delicada nota acerca de una exposición de artistas jóvenes locales. Había sido sumamente (freudeanamente) cauto al asumirse como un extranjero y hasta un ignorante de los secretos de las artes plásticas, para luego (freudeanamente) aventurar las tesis más estrambóticas. En el caso de Kostia el elogio fue abrumador. Pero en el caso de la chica de Kostia en ese momento (una pintora bastante buena, para los expertos la mejor de su camada; en cualquier caso, ninguno superaba en ese entonces los treinta años, Tobi tenía apenas veintitrés, Kostia veintisiete), fue... despectivo. No más que eso: despectivo. Ni siquiera la vapuleó. Simplemente le pasó revista como lo hubiera hecho Artajerjes después de visar al millonésimo guerrero de su ejército. Algo así. La nombró al pasar.
La vanidad amorosa de Kostia se indignó, y rastreó sus datos para irlo a buscar a la revista. En la revista Tobi no estaba nunca: pasaba a dejar los textos, y a veces incluso los enviaba por mail. Consiguió la dirección de la oficina de Ombú, y le cayó prácticamente a la hora de salir a almorzar. Preguntó a la secretaria (la adorable Sofi), que le preguntó si tenía entrevista pautada, porque ya era hora de salir a comer, y Kostia, lívido, contestó que no, pero que quería agradecerle a Tobi una nota elogiosa publicada en la revista Lambda. Bueno. La adolescente Sofi fue a decirle a Tobi, y Tobi, contentísimo de poder hablar con un artista en vez de tanto mayorista de género, intermediario, diseñador, publicista, le dio paso.
Kostia entró, y Tobi, ni bien le vio los ojos, se dio cuenta de que algo no andaba bien. Kostia dudó un instante, porque vio la cara de un pibe de dieciocho años, y pensó que la otra pendeja le había tomado el pelo. Preguntó "¿Tobi Peña?", y Tobi dijo "Yo soy". Entonces Kostia encorvó el lomo como un animal de presa, le dirigió una mirada torva, se le puso roja la cara. En seco, lanzó una presentación que sonó a palabrota, y Tobi asintió "Ajá, sí, recuerdo tu nombre, me gustó mucho lo tuyo, el color..."
Fue todo lo que alcanzó a esbozar: Kostia le arrojó una andanada verbal, tratándolo de miserable, ignorante, misógino, puto, escritorzuelo de revista, ante un Tobi demudado, que alcanzó solamente a abrir las manos en señal de pregunta, mientras Kostia amontonaba los insultos y comenzaba a golpear la mesa.
Cuando Kostia calló, jadeante, apoyado sobre el escritorio con los puños, inclinado hacia Tobi, Tobi le dijo "No recuerdo el nombre de esa chica, ¿cómo decís que se llama?".
"Es... pelotudo... la mejor pintora que ha dado Grecia, contando mujeres y varones, en dos décadas".
"Es tu chica, obvio", dijo Tobi, ya más molesto que azorado. Esas irresolutas furias de Tobi, que arrancan de a poco, incrédulas, que la mayor parte de las veces no se expresan.
Entró Sofi a preguntar si podía irse a almorzar, y en realidad oteando el ambiente para saber si tenía que llamar a la policía. Ni la vieron ni la escucharon.
"Eso no tiene nada que ver", bufó Kostia.
"Ese es todo el 'ver'", constestó Tobi con suficiencia, clavándole los ojos.
Luego hubo un "Mirá, pelotudo..." de Kostia, y Tobi agarró un lapicero de cerámica que tenía a mano, se puso de pie casi como un cowboy de película, y se lo rompió en la jeta. Pómulo derecho, para mejor describirlo. Kostia cayó más sorprendido que dolorido (y fue muy doloroso: le hizo una cicatriz de seis centímetros y le rompió el huesito del pómulo). Sofi salió a los gritos a llamar por teléfono.
Pero Kostia no se quedó atontado en el piso. Con la furia que tenía, como Al Pacino en "Scarface", se paró a los cinco segundos y trató de abalanzarse sobre el cuello de Tobi, y cambiaron varios golpes a una distancia de medio antebrazo.
Cuando la policía entró, los encontró amarraditos, en el piso y con la cara llena de moretones.
Se los llevaron a la rastra mientras se puteaban esposados y atados a las manijas opuestas de las portezuelas traseras con un milico en el medio para que no se siguieran dando. Se siguieron puteando a los gritos ante la impaciencia, primero, de los efectivos que lo llevaron hasta la comisaría, y después, del jefe de los milicos, que los mandó cada uno a un calabozo a que se enfriaran un rato, ante la indignación de Tobi (ya ronco), que gritó durante cuarenta minutos que tenía derecho a hacer un llamado. De esos cuarenta minutos, veinticinco los alaridos del poeta fueron acompañados con creciente militancia por un también indignado Kostia: ahora los dos querían salir del calabozo.
Los milicos son proverbialmente pelotudos y abusadores, de manera que el comisario recién se dignó dejarlos hacer un llamado cuando todo el lugar se hartó de las vociferaciones de esos dos energúmenos.
Los sacaron de a uno. Tobi llamó a Félix, le explicó la absurda situación, le pidió que llamase al abogado de su padre (del padre de Félix, claro) porque quería hacerlo cagar sangre al pelotudo del comisario que los había encerrado, y luego esperó otra vez en la jaula. Kostia llamó a su chica, que acudió un poco desorientada.
A la hora más o menos, apareció Félix con el abogado, que desplegó una sarta de palabras que pusieron en caja al milico mayor y, previo careo entre los dos artistas donde se disculparon ante la policía y entre ellos por el escándalo protagonizado, y previa firma de documentos donde se renunciaba de las dos partes a presentar denuncia al otro, y firma también de un pedido de nulidad y de sumario interno por deficiencias de procedimiento contra el comisario, los largaron.
Luego de todo el quilombo que habían armado, cuando salieron al sol (espantoso) de las cuatro y media de la tarde, se miraron, ante la intriga suspicaz de Félix, mientras el abogado se tomaba un taxi.
"Che, disculpame. La verdad que me porté como un energúmeno".
"Sí, la verdad, dos chiquilines. Yo... ya lo digo en la nota, soy un ignorante en artes plásticas, sólo conozco la historia de las artes plásticas, pero no entiendo nada. La escribí porque me pagaron para hacer una crónica, no era un estudio crítico ni pretendía serlo. Pero me encantó tu concepción del color".
"Bueno, gracias".
En el medio, apareció en la esquina la pintora, Xenia, una rubita de pelo corto y bajita y de un cuerpito esmirriado que más que pinta de guerrera le daba pinta de gorrión de París. La piba se horrorizó al ver el rostro hinchado y con un tajo digno de una buena puñalada en la parte derecha del rostro de Kostia.
Kostia contó, minimizando, la anécdota, entre risas incomprensibles (para Xenia, para Félix) de los dos tunantes. Xenia incluso acotó que le había gustado la nota, y que la mención a ella le había parecido razonablemente elogiosa.
Tobi los invitó a almorzar, Félix se sumó por temor a un recrudecimiento del conflicto, y terminaron dándole al ajo con cordero con hojas de parra y vino tinto hasta que quedaron pipones. Cuando esto terminó, eran las siete de la tarde.
Se tomaron un tecito digestivo para descongestionar, y se invitaron a salir. Era viernes. Las dos parejas (es decir, Jaspe y Tobi más Xenia y Kostia, previo paso por el médico) salieron a chupar y fumar y terminaron en andas de los tacheros, para vergüenza de las féminas, lo suficientemente borrachas y drogadas como para sentir vergüenza.
Y a partir de allí, Tobi empezó a hacer más amigos en la pintura que en la literatura ateniense y griega. Y fueron, con Kostia, como chanchos.
Las largas charlas de sobremesa veraniega en el viejo departamentito al este del Kifisós que fuera el primer nido de amor de Jaspe y Tobi adoctrinaron al poeta sobre la teoría de los colores, y sobre la combinación de los colores, y sobre cómo meterle luz o sombra a una camisa o a un vestido, cómo utilizar los colores quebrados y las abstracciones, y después de eso vinieron la riqueza y los diseños gloriosos y el prestigio de Ombú, y Tobi empezó, en la mitad de todo eso, a editar libros en griego, y demás detalles que el lector ya conoce.
En el medio de todo, Xenia conoció a un ñato que se la curtía mejor o la calentó más y huyó a Mallorca (lo cual {lo de Mallorca} fue para Kostia una puñalada en la espalda peor que si le hubiese metido los cuernos, que no se los metió).
Kostia continuó siendo, luego de estos sucesos, el mismo pintor relativamente pobre y austero que había llegado de una islita egea, y Tobi pasó a ser, amén de mejor amigo, el mecenas que le compraba algún cuadro o le hacía gancho para que expusiera en Buenos Aires o en París o en Milano, o que incluso le pagaba meses enteros de morfi y casa cuando el pintor andaba en antojo de que sólo quería pintar.
Y no había en esa actitud de Tobi hacia su amigo ni agradecimiento por los datos aportados (nunca hablados) ni culpa por el robo (nunca hablado) de ideas que hacían de Kostia un pintor prestigioso en el secreto círculo de los iniciados (otros pintores tan pobres como él o casi). Los dos conocían el punto tres que convierte a Tobi de un vulgar plagiario o hibridador de diseños en un diseñador popular pero reconocido por sus pares, pero lo sabían ellos dos y nadie más en el mundo, y se acabó. Ni culpas de uno ni silenciosos reclamos de compensaciones del otro, sólo (¡ah, Freud, Freud!) una amistad entrañable e incondicional.
Eso sí: si le mirás la cara muy de cerca a Kostia, le emerge, del lado derecho de la no larga pero sí tupida barba renegrida y rulienta, una apenas visible cicatriz.

Memento

Hoy fui a registrar un par de libros (una novela, una colección de poemas de, en realidad, varios poemarios), y me di cuenta de que es la cosa más boluda del mundo.
Además, ¡puedo entregar las obras en un CD! Y yo gastando fortunas en imprimir el mamotreto de Cicatriz.
En otro orden: La persa sigue bien. Hoy en el almuerzo comencé un fragmento sobre Kostia, el amigo pintor de Tobi, oriundo de Lesbos, que oficia de puente para el "salvataje" de Akbar.
Me compré una PC no antediluviana y, cuando me puse a cargar al CPU los distintos textos terminados, en germen, por la mitad, los esbozos, los barruntes, me di cuenta de que perdí todo mi diario 2006 (poco nutrido por cierto, pero mala noticia para mis biógrafos: justo este año que tuve sexo con setenta y tres modelos y veinticuatro promotoras de TC); además, los archivos de Jaspe y del tomo 2 de Cicatriz guardados en diskettes no eran las últimas versiones. Intenté enchufar el CPU de la vieja Pececita al monitor nuevo, para no tener que armar todo de nuevo (ni ebrio ni dormido me pongo a corregir de nuevo una novela que estaba perfecta, acabada, a mi juicio, después de tres años de corrección; ni a tipear diez páginas que faltan de Cicatriz), ¡pero no me encajaban los pins!
Así que deberé rearmar toda la vieja Pececita para rescatar esos archivos, fuckin' shit.

lunes, 11 de diciembre de 2006

Poesía y verdad

A veces la verdad es parasitaria.

domingo, 10 de diciembre de 2006

Acerca de las confusiones entre el plano óntico y el ontológico

Hace poco cambiábamos opiniones, vía blogger, con un reputado poeta argento, sobre la artificialidad de límites, la historicidad de categorías y de géneros. Yo, fiel a mi sesgada manera de leer, muchas veces infiel al texto, planteé algunas frases demasiado abstrusas y abstractas en demasiadas pocas palabras, y mi interlocutor no me comprendió.
Yo manifestaba mi duda respecto de planteos demasiado tajantes sobre divisiones entre el arte, la política, la religión. Hacía foco en los nudos por sobre la división analítica demasiado tajante y deshistorizada, y asimismo planteaba que no había diferencias tan grandes entre pensar, sentir, crear, rezar. No fui entendido en absoluto, y me recluí en el silencio místico de los filósofos.
Hoy, en la revista "Nueva", la psicóloga y arte-terapeuta Soledad Fernández declara: "El arte en sí mismo puede ser curativo, ya que según estudios realizados, afecta al sistema nervioso autónomo, al equilibrio hormonal y a los neurotransmisores cerebrales. Produce un cambio en la actitud, el estado emocional y la percepción del dolor, consigue llevar a una persona desde un estado de estrés a otro de relajación y creatividad. Se dice que las ondas cerebrales al momento de crear son las mismas que las de una persona que se encuentra rezando o meditando."
Esto también se podría titular "sobre la verdad como artificio y como consolación necesaria para poder sobrevivir a la orfandad metafísica" o "apuntes para una visión antropológica de las relaciones entre distintos campos de producción de sentido", pero en cualquier caso sería un post hiperpedante.
De manera que me parece justo el jactancioso título elegido: Heidegger paga bien para ser pedante comme il faut.
No espero que entiendan mucho el sentido de estas palabras, porque son el germen escrito un poco para mí mismo de los barruntes esos que a veces terminan en ensayo, un poco lo que es este blog.

jueves, 7 de diciembre de 2006

Manejate

¿y qué rumiamos hoy?

como un rocío que te zurce
flor premiosa
el tiempo se evapora y te ata a su evaporación

todo se aleja
todo se diluye
y mañana tus pétalos serán barro en el barro del otoño

miércoles, 6 de diciembre de 2006

Fragmento

"¿Qué es lo peor de ser virtualmente inmortal?", preguntó el hombre.
"La soledad", respondió secamente el vampiro. Y se bebió otro trago de vodka.

martes, 5 de diciembre de 2006

Prostitución mediática

La música popular siempre ha vendido sexo, sobre todo a partir de la televisión, y en el cine ya aparecía esto respecto de la actuación. Hay muchos que sólo ejercen prostitución mediática en videos y shows (M. C. Ciccone a la cabeza), algunos (M. C. Ciccone, por ej, sin siquiera ser unas diosas absolutas).
Esto se generalizó en los noventa, con la tv por cable y la proliferación de imágenes ociosas para vender la música luego de la muerte del rock (circa 1994).
Hoy vino Ricky Martin a la FM. A mediodía.
Abominables rostros de guardias de seguridad de cuarta excitados de poder jugar al vigilante severo y con miradas suspicaces cada vez que yo pasaba para el baño (me bajo tres litros de mate por día). Mi cara de culo fue creciendo rápidamente.
Cuano bajaba para almorzar, uno de estos dogos uniformados estaba sosteniendo abierto el ascensor. Lo miré, y cuando amagué entrar me atajó amaneradamente "'¡No no no, que ya sale!". Me di el gusto de putearlo antes de encarar la escalera.

lunes, 4 de diciembre de 2006

Cuento borgeano versión realista

Un hombre concibe un proyecto ambicioso: dibujar el universo. Dibuja durante años. Las líneas se complican, se mezclan inextricablemente, los colores (no sólo las imágenes) se permutan según el ángulo desde el que se los mire. Hasta que la obra se torna tan amplia y poliédrica y multilumínica que resulta inextricable, enceguecedora, infinita. Al lado de él, Pollock queda como un pelotudo.
Poco tiempo antes de morir, descubre que lo que ha dibujado es una soberana mierda. Y que tiene toda la cara rayada con una birome. Pero vende su cara al Museo de Arte Moderno de New York y se convierte en multimillonario.

viernes, 1 de diciembre de 2006

Día fasto

Hay días en que uno escribe apenas una carilla de apuntes de cuaderno Rivadavia, pero esa carillita vale más que decenas de páginas en ciego. Aunque muchas veces escribir en ciego te lleva a la visión ("mientras uno las mitades voy escribiendo la mitad del cuento", cantó el poeta en su peor disco, años antes de que yo naciera).
Pero en un punto tiene que coagular (Jet lag words) para que haya libro.
Hoy, mientras almorzaba en otro no lugar del microcentro, pude garabatear por primera vez el esquema completo de "La persa".
Sé muy clarito ahora que no será un libro excesivamente largo. Jet lag, con lo intenso y extenso que es, ha quedado en 480.000 caracteres. Jaspe, de versión inicial de 380.000, y que llegó a tener casi 100.000 más, quedó al final en 455.000 ó 465.000.
De acuerdo a esa experiencia, y a la de El coto (poco más de 200.000), pienso que esta novela no puede pasar de 350 a 400.000 caracteres. Ya voy por los 150.000 de estos escritos a los rasguñones, pero ahora ya tengo el mapa, y puedo empezar a llenar huecos, limar asperezas, abrirle sin tirar tan a lo ciego. Mientras uno las mitades.
Bueno, esto nació como una especie de literatura en tiempo real, de rumies, así que está bien aquí. Sin ser estrictamente privado, tampoco deja de ser personal. Así, se cuelan a veces post como éste, sólo importante para retrolectores, criptolectores, críticos y arqueólogos de la escritura.

También albergo una idea para este verano, aprovechando que vienen las fiestas y todos estamos con más tiempo y que probablemente mi cabeza obsesiva se vaya metiendo paulatinamente en "La persa". La idea consiste en dejar los residuos poéticos en el otro blog de improvisaciones, y publicar, a modo de folletín, una novela de las que tengo terminadas. Dudo entre Jet lag (la más divertida) y Jaspe (la más apropiada quizá, por la duración de la mayoría de sus episodios).
Esto es una encuesta, una inquisición: ¿qué les parece la idea? Serían 65 capítulos de Jaspe, a uno por día. Se agradecen comentarios, insinuaciones soeces e insultos.
Ah, el poema de hoy lo cuelgo en sub jectum, quiero decir http://yecto.blogspot.com
Adelanto que es pésimo, pero eso es lo lindo de la palabra como piedra arrojadiza, el hombre como lapis exillis (¿exiliado de qué? ¡oh labios de la niña tandilera con sabor a bazooka!).

De jardín ajeno

Cito esta frase del último post de Puck:

"Qué habrá en el toro o en el bautizador para que, con todo fastidio, seamos eficaces elaboradores de esas ataduras en primera impresión."